lunes, 20 de diciembre de 2010

Meta Conseguida

Con estupendas sensaciones físicas pero con un gran vacio emocional finalicé la prueba en la que tenía puestos todos mis esfuerzos como primer paso a superar antes de poder acudir al maratón de Nueva York 2011.

El objetivo era claro: Teníamos que bajar de 1 hora y 44 minutos, que es la marca que exige para participar a mujeres de entre 40 y 50 años, la organización del célebre maratón, rango de edad este en el que me encuentro actualmente. Solamente así podríamos prescindir de los servicios de una agencia especializada en el tema y que, ni que decir tiene, supondría un desembolso económico inalcanzable para una familia que movilizaría 4 personas para presenciar tan especial evento.
Tampoco contemplábamos la posibilidad de arriesgarnos a esperar que la diosa fortuna centrara su atención en nosotros y tuvieramos la grandísima suerte de conseguir poder comprar un dorsal en el sorteo que la organización establece para el 20% de las inscripciones.

El día previo.....

Pasé un muy mal sábado pues me desperté bastante malhumorada, con pocas ganas de pamplinas y protestona como nunca, bueno, yo diría que como muchas veces que estoy nerviosa, o rabiosa o que, por una u otra razón, no me siento todo lo a gusto conmigo misma que quisiera.
En fín, tocaba el último entrenamiento que era breve, muy breve. Me las prometía muy felices pensando que en un suspiro ya tendría el trabajo hecho y podría centrarme en ir soltando esa mala sensación anímica que me envolvía mientras preparaba la bolsa para irnos a primera hora de la tarde para Vitoria.

Los últimos 30 minutos a ritmo cochinero y 5 rectas de 100 metros en progresión y ya estaba cumplido en su totalidad el entreno de dos meses que Rafa me había preparado para lograr nuestro objetivo.

No hicimos más que empezar y a unos 200 metros de casa veo a lo lejos, al final de la cuesta que finaliza al lado de los campos de Sport del Sardinero una moto en mitad de la carretera y una persona tirada inmóvil. Rápidamente Rafa y yo acudimos a atenderla; comprobamos que respiraba, que tenía pulso y que, aunque estaba con una intensa conmoción, respondía a las órdenes de mover los dedos de las manos e intentar mover los pies. Llamamos a los equipos de emergencia y nos mantuvimos a su lado hasta que llegó la ambulancia y la trasladó al hospital. Continuamos posteriormente nuestra ruta, ya más tranquilos por ver que las consecuencias para la chica no habían sido lo graves que en un inicio nos pudieron parecer, pero fui totalmente consciente entonces de como mi boca se había llenado de sabor a miedo, el mismo que experimenté hace casi tres años cuando la vida nos enfrentó con una muy dura situación familiar de pérdida. A partir de ahí fue todo encarrilado. Un borbotón de emociones encadenadas que hicieron que mi ánimo fuera literalmente engullido por la amarga sensación que genera hurgar en las heridas del alma producidas por la pérdida de seres tan queridos. Tristeza era lo que sentía. A partir de ahí todo el tiempo triste, incluso mientras era entrevistado Diego, nuestro hijo y sus compañeros de su grupo musical para una cadena de radio, antes de partir para Vitoria.
Una vez en el hotel, distraje unas horas mi atención mientras paseabamos y tapeabamos a modo de cena, por las preciosas calles peatonales de Vitoria con la agradabilísima compañía de Miguel e su mujer Irache, que también nos acompañaban con la idea de que Miguel hiciera la marca para viajar el año que viene con nosotros a la gran manzana y vivir la experiencia de su maratón.

La noche con un descanso muy superficial, despertándome en varias ocasiones y levantándome con un incómodo dolor de cabeza y no muy buenas sensaciones musculares que no ayudaban mucho a que mi ánimo estuviera en el punto de alegría del que yo suelo hacer alarde cuando he disputado alguna carrera.

Al final, la suerte estaba echada. El día radiante aunque algo fresquito, 2-3grados a las 11 de la mañana y sin gota de viento. Las condiciones eran las ideales. la única que no estaba al 100% era yo....

En fin, tenía que hacerlo. No iba a fallar a pesar de todo. El territorio que me estaba encontrando este último día para llegar a encontrar mi tesoro (mi meta), me estaba resultando mucho más complicado de asumir que cualquiera de los días de entrenamiento de los últimos dos meses.
Triste y con muy pocas ganas de hablar, cosa que en mí resulta muy poco habitual, incluso en carrera, pasamos por debajo de la pancarta de salida. Nerviosa y concentrada, a los pocos cientos de metros se acerca un corredor a mí y efusivamente me saluda. !!que sorpresa tan agradable!!. Era Santi, un chico estupendo de Bilbao que conocimos por casualidad en el maratón de parís y que corrió con nosotros en Nueva York en el año 2008. No nos habíamos vuelto a ver desde entonces. La verdad es que su presencia y la charla con Rafa sobre los recuerdos de aquellos días, hizo que me liberara por completo de mis miedos, de mi agarrotamiento inicial y decidiera sacar toda la raza que se que tengo dentro. A partir de ahí me adelanté, dejé atrás a Rafa y Santi unos metros para concentrarme en sentir el impulso de todos los que han estado apoyando durante estos meses y empecé a volar....
mis ángeles, Sara e Iberia, una a cada lado consiguieron que hasta el km 12 no hiciera más que acumular lo que Rafa denominaba "un colchón" de minutos por si al final tuviera que tirar de ellos para conseguir no tardar más de 1h y 44 minutos en llegar a la meta. No hablaba, concentración pura y solo escuchaba los consejos de Rafa por detrás que me decía: Lurdes más despacio, por favor, más despacio..., vamos muy deprisa...
Pero yo no sentía que mantener ese ritmo alto de carrera me costara un esfuerzo que no pudiera sobrellevar hasta el final. Fue entre el km 12 y el 14, tras enfrentarme a la única elevación del recorrido que tiene la prueba, cuando comencé a notar que los cuadriceps y sobre todo los gemelos me mandaban las primeras señales alertandome de que se encontraban allí, currando como locos, y que comenzaban a estar necesitados un poco de energía extra. le pedí a Rafa un higo seco con una nuez dentro que llevaba preparado y una cápsula de sal común y sobre el km 15, con un buen trago de agua me lo tomé todo. Los kilómetros pasaban, aunque algo más lentos que antes, a una cadencia lo suficientemente intensa como para tener la sensación de que la carrera estaba hecha.
Cada vez había más gente animando en las calles, y cada vez era más consciente de cómo resonaban los gritos de las personas diciendo mi nombre que sabían estaba inscrito en letras grandes sobre mi dorsal. Ya sí devolvía con una sonrisa o levantando el dedo índice de mi mano, sus amables gestos de ánimo. Ya sí era consciente que la meta, mi tesoro, estaba conseguida. Aunque el último kilómetro fue el que les quise dedicar a ellas especialmente, no fue el más rápido de la carrera, ni mucho menos; pero si que fui capaz de guardar las fuerzas suficientes para que en un arranque de rabia, esprintara la recta de meta todo lo que dieron de sí en esos momentos mis piernas, mientras levantaba los brazos orgullosa de haberlo logrado. Un ratito de desahogo emocional soltando algunas de las lágrimas contenidas hasta entonces y sobre todo el beso y el abrazo genuinos de Rafa cerraron mi participación en la media maratón de Vitoria.

la tarde de ayer y todo la mañana de hoy las he dedicado a recuperarme emocionalmente. Físicamente, realmente bien.

Ahora sí que podemos decir que Iberia y yo tenemos el camino abierto al maratón de Nueva York 2011.



3 comentarios:

Unknown dijo...

Sólo decirte que enhorabuena por tu carrerón y por el esfuerzo que has hecho en la preparación de la carrera. Creo que, junto al maratón de New York 2008 ha sido la carrera en la que menos te he visto sufrir. Todos los que fuimos cumplimos nuestros objetivos. unos, hacer la mínima que necesitábais, otros, comprobar cómo la preparación fue la adecuada. Enhorabuena por conseguir tu record personal en media maratón.

Aída dijo...

Eres admirable, Lurdes!!
Un beso. Aída

Sandra dijo...

Lurdes de mi corazón...
Eres una maestra, siempre tan intensa, tan auténtica...
gracias por el ejemplo de fuerza, voluntad y valentía.
Te felicito!! GRACIAS!!
Un abrazo, GIGANTE!!